Debemos escarbar el mundo,
extirpar de las entrañas
el sarro acumulado
y la masilla viscosa.
No poseo ninguna ambición mundana
todo lo que un día anhelé
ya era carcoma podrida
acumulada en un pasado remoto.

Debemos golpear
con los puños amoratados
el pedestal que nos erigieron
los bufones de la autosuficiencia,
proclamemos el desencanto de vivir
entre iguales,
socarrones y mediocres.
Niños viejos perfilan el futuro,
lo gobiernan,
lo maman a grandes tragos
eructando ante la madre fama,
un día prometida,
el día prometido,
un día
perdida,
celebremos la jubilación de la esperanza
y sepultemos al juglar,
al poeta y su tinglado desechable
con su acurrucada vida incunable.

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