Éste, después de 10 años de existencia del festival, es mi primer Vive Latino, el que para empezar debiera llamarse “Vive Chilango”, ya que el 80 por ciento de los asistentes son de ese lugar y de las bandas pues ái nos la llevamos.
Si pensamos que la música debe o se supone es un gusto, un desahogo, UNA CATARSIS, ¿Como los organizadores dan un mayor énfasis a lo que le rodea; es decir al espectáculo y al merchandising, antes que a la música? Aún entre los asistentes parece mas importante el conseguir la playera que esta más chida y que nadie vió para ser el único que la tenga y naturalmente dar Fé (con efe de Farol) de sus asistencia al Vive.
Ya en mi reseña mencioné que todo estuvo muy a tiempo, pero también estuvo muy mal ecualizado en todos los escenarios, ¿No es esto ofensivo? Suponiendo que el caro boleto que pagué fue por OIR a los grupos y no por tener el chance de presumirle a 20 mil personas el cómo me vestí.
Ya entrados en el menester del costo, al boleto debes sumarle la comida, que es por decir lo menos, una mentada de madre. En definitiva unas papas no cuestan 25 pesos y mucho menos una mísera paleta de hielo hecha con agua y polvito de sabor artificial vale 15 pesos.
No niego que los asistentes (incluyédome) bincaron y gritaron cono si el mundo estuviera por terminar, pero eso no es garantía de nada: las multitudes se ponen así a la menor provocación, y si no, pregúntenle a Calamaro porque cada que podía, gritaba cualquier cosa sucedida de “México” o Kinky: “(lo que sea), DF”.
Ya para terminar pregunto: ¿Tu a que fuiste al “Vive”? Y si lo viste por tele, ¿Qué viste?
Por Chacal