Pintura, Pedro Campos![]()
What have you found?
The same old fears.
“Wish you were here”
Pink Floyd
Mi Padre derramaba música sobre las paredes de mi casa cuando yo apenas articulaba mis primeras sensaciones dándole sentido a la programación llamada vida nueva, vivió atormentado por sus propios demonios heredados a su vez por los demonios de sus viejos; dentro de él aullaba perpetuamente un perro afónico que lo obligaba a comprar acetatos obsesivamente para acallar sus lamentos cada luna, a cada estrella y a cada sueño roto.
Escuchaba en silencio mucha música mientras dejaba ir por la carretera todo el tonelaje de su vida con el auto al que siempre le ofrendó la misma, una y otra vez, sin resultados dignos de finiquitar todo con un golpe sordo, sólido y total.
Me dejó mucha música mala y también joyas que entonces me daban miedo y pavor infantil; Mike Oldfield se trenzaba con el ummagumma; una guitarra acústica adornaba entre acordes a las voces de abba con alguna balada arrabalera de rocola norteña; Simon y Garfunkel me aproximaron al abismo de su profunda ansiedad con la tristeza del boxeador, Creedence es un remoto recuerdo primario en las espigas de mi razón germinando entre años noveles de vida.
Lo recuerdo largas horas en silencio mirando hacia allá, más allá de lo que yo aún no puedo ver; salteando entre su balanza las posibilidades entre lo que nunca fue y lo que alcanzó a ser.
Ahogado más de una vez entre los océanos de éter, derramó todas las lágrimas que a su vez complementaron embriagez de soledad imaginaria e infantil.
Reconstruyo los pedazos de lo que su presencia construyó a su vez en mi, y no puedo evitar sentir una pena profunda por él y por mi, por éste amigo que no esperó lo suficiente, el cual entonces no podía escucharlo como debía y estaba preocupado por crecer entre nubes de roca y cascaritas de futbol.
Murió solo en una habitación anónima de algún hotel cualquiera, desnudo y bajo la cama, enfrentado al monstruo que siempre le aterró desde pequeño, abrigado con sus propios brazos después de la batalla de vida, después del cansancio de vida.
Hoy confieso que su ausencia física la rellena su herencia obsesiva por complementar la vida con música, por buscarle al viento las respuestas que no tienen interrogantes y por obligarme (a fuerza de soledad) a ser adulto con un niño curioso y feliz por dentro. Venga más y cumplamos ciclos en otra vida, con otro nombre, en un nuevo hombre.


T. Khedoori




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