Se convirtieron en una cascada,
que corre por el pueblo y se esconde…
ay ay ay… como me duele.
Velo de Novia. Hello Seahorse
Ven, déjate caer conmigo en la cicatriz lunar de nuestra ciudad, ciudad puñado de alcantarillas, ciudad cristal de vahos y escarcha mineral, ciudad presencia de todos nuestros olvidos, ciudad de acantilados carnívoros, ciudad dolor inmóvil, ciudad de la brevedad inmensa, ciudad del sol detenido, ciudad de calcinaciones largas, ciudad a fuego lento… Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer.
Carlos Fuentes. La región más transparente.
Como su personaje Don Artemio Cruz, hoy limpió el vaho impregnado en el espejo de su baño y tristemente se percato (no de que estaba viejo) sino muerto. Y lo lamentamos todos los que encontramos en su palabra escrita, respuestas para aproximarnos al discernimiento del abismo de lo nacional, de lo mexicano, de la lengua hispana.
Fuentes, el censurado (aún da risa ese momento memorable), el galardonado, el ignorado y desconocido por ignorantes políticos que escriben y presentan libros en foros de primer nivel. Carlos Fuentes el Maestro…. Maestrísimo poeta de la prosa interminable, quizá por ello se fue en este día.
Será una paradoja pero en Fuentes encontré un lugar donde recomenzar y beber de lo nacional cuando ese concepto tan vago y volátil se constreñía hasta desaparecer en amplitudes de indiferencia abismal. Escritor escéptico, sabiamente se alejaba del país para verlo mejor desde lejos, arremeter contra su México querido y aceptarlo con la furia pasional de quién pertenece a un lugar, hombre sabio que podía ver más allá de la treta construida y la artesanía chapucera (como aquellos árboles de la vida de Metepec, a los que sutilmente arponea a través de sus personajes de novela o aquellos políticos de percha que solo engañan al televidente torpe).
De Carlos Fuentes me quedo además con su respuesta a la resolución de cuando la Modernidad inició y comenzó este conflicto llamado aldea global, “…Para mí, el mundo moderno empieza cuando Don Quijote de la Mancha sale de su aldea al mundo, y descubre que el mundo no se parece a sus lecturas.”
Defensor infatigable de la “Locura de la lectura”. Me quedo además con lo que dice, aprendió, de uno de sus maestros: “al final, no importa nada, no quedará nada, solo el arte.”
Gracias por quedarse a través de su palabra escrita. Gracias Escudero de Don Quijote, como él se hacía llamar. Gracias por enseñarnos que somos herederos de una de las lenguas más bellas del planeta.
“Mi lengua: española. No la lengua del imperio, sino la de la imaginación, del amor y de la justicia. Lengua de Cervantes. Lengua del Quijote.”
El país entero está de luto.
Gracias por quedarte Fuentes.
Por Salvador Vicario









